Fin de Año en el Cristina

        Acabábamos de tomar las uvas y brindar toda la familia de mi mujer celebrando el Año Nuevo y mi cuñado Fernando Reberdito, subdirector entonces del Hotel Cristina de Algeciras, se vistió de media gala para echar una ojeada al cotillón y me pidió que lo acompañara ya que sólo tardaría una media hora. Las mujeres de la casa me animaron porque sería digno de ver. Así que nos acercamos al hotel que refulgía de lejos como una feria.
 
 
          Al entrar en el gran salón me quedé fascinado por el lujo y la alegría desbordada, la elegancia suma, los vistosísimos trajes de noche de las damas que relucían como estrellas. Nos acercamos a la barra y me presentó al encargado de la misma, el Sr. Perea Moya, que no escatimó atenciones para que me sintiera a gusto. Me ofreció una copa de champán y una bandeja de delicias navideñas. Me acomodé en un taburete y disfruté admirando aquella fiesta maravillosa y las simpatías que despertaba mi cuñado entre tantos clientes así como las numerosas señoras que lo disputaban en la pista de baile. Mi copa siempre estaba llena y suponía que, distraído, apenas consumía su delicioso contenido. Pasadas dos horas me sorprendió  Fernando diciendo: –Cuñado, ¿Nos vamos? – Al despedirme del barman y bajarme del taburete comencé a andar como Groucho Marx y casi tuvo que llevarme a rejón hasta el coche. Pero me sobrepuse y volví a andar con desenvoltura. El champán era excelente y el fin de año inolvidable.
Para Fernando y Linda
 
 
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